domingo, 5 de junio de 2016

Esclavitud: la cara oculta de la infancia

El maltrato a los niños está condenado en la mayoría de países. Sin embargo, la infancia es un verdadero infierno para millones de seres que viven olvidados y sentenciados al más cruel de los destinos.


Niños esclavos en Camboya
En algunas regiones del mundo, a los niños se les maltrata y humilla de las más diversas maneras: se les compra y se les vende como mercancía, se les utiliza sexualmente, se les obliga a trabajar de manera inhumana, se les usa como soldados, padecen las más terribles mutilaciones para forzarles a ejercer la mendicidad, se les encarcela… y miles de horrores más que viven en sus pequeños cuerpos.


Con los niños se vulneran los más elementales derechos humanos, mucho más los que tienen por ser niños. Pero además, se dejan de lado con total cinismo los convenios internacionales sobre los derechos de la infancia, sin que a nadie parezca importarle.


Historia del trabajo infantil

El trabajo en la infancia no es algo nuevo. Antiguamente los niños estaban poco considerados, eran propiedad de los adultos, se les abandonaba como actualmente se hace con los animales y poco importaba lo que ocurriese con ellos.

El filósofo inglés John Locke, afirmaba en el siglo XVII que convenía que se crearan lugares donde los niños a partir de los 3 años aprendiesen a trabajar. Un siglo más tarde se había avanzado algo, y los políticos ya hablaban de que los infantes no debían empezar a trabajar antes de los 4 años.

En 1833, en Inglaterra, se realizó una investigación sobre el trabajo en la infancia. Se descubrió que los niños trabajaban hasta 10 horas diarias, los 7 días de la semana. Para que no se descuidasen de sus tareas, los encargados les pegaban con varas o látigos. Encontraron niños con las extremidades rotas, mutilados, deformados o con los ojos reventados por los golpes.

La consecuencia de este descubrimiento fueron nuevas leyes, que impedían trabajar a los niños menores de 9 años y reducían la jornada laboral a 6 horas. Un gran avance para la época.


Vivir y trabajar en la miseria

El trabajo en la infancia en determinados países es un asunto tremendamente complicado, porque la supervivencia es lo que está en juego, y no solo del niño, sino muchas veces de toda una familia.

La extrema pobreza en la que viven muchas personas provoca que induzcan a sus hijos a trabajar desde edades muy tempranas, porque todo el entorno familiar depende de eso. Lo que significa que el pequeño va a tener que renunciar, total o parcialmente, a sus propios derechos y necesidades, como ir a la escuela o crecer simplemente como un niño.


Los niños además no dan problemas a la hora de trabajar, por lo que sus jefes están encantados de utilizarlos. Son más manejables, se les asusta con facilidad, trabajan más horas sin quejarse y se les paga menos dinero que a un adulto.

Sin embargo, los niños no solo están condenados por la pobreza, también lo están por las creencias religiosas y las supersticiones.


Nacer niña

En algunos países como China, Indonesia, India, Pakistán y Bangladesh, nacer niña es una de las mayores desgracias que se puede sufrir.

La desigualdad se ampara en tiempos pasados, principalmente en temas religiosos, prejuicios y tradiciones, donde siempre se le da más importancia a lo masculino, mientras lo femenino queda empapado de inferioridad y poca valía. En ocasiones, hasta se presenta como una carga de la que es conveniente deshacerse lo más pronto posible.

Esta desventaja de las niñas provoca que tengan menos acceso a la educación, que estén peor alimentadas y que incluso no se las atienda adecuadamente cuando están enfermas. Sus hermanos siempre tendrán preferencia, por muy grave que sea la situación para ellas. Los médicos llegan a encontrarse en sus consulta a niñas de hasta año y medio, que tienen el desarrollo de una recién nacida debido a la falta de atención y a la desnutrición.

Este sentimiento de inferioridad es algo que se va transmitiendo de generación en generación. Una trabajadora de UNICEF expuso lo que le contó una madre asiática: “Casi todas nuestras hijas trabajan en la limpieza; ¿para qué gastar tiempo y dinero enviando a mi hija a la escuela, si allí no va a aprender nada útil? Creo que es mejor que me acompañe al trabajo y vaya así descubriendo los secretos de nuestra profesión. Mi hija mayor, que tiene 15 años, se va a casar pronto. Su suegra la enviará a limpiar letrinas a algún sitio. Demasiada instrucción solo sirve para dar a las chicas ideas de grandeza que solo les servirán para que sus maridos las golpeen y sus suegros las maltraten”.


Guerra & Pobreza

UNICEF realizó hace 20 años una comparativa de lo que se podría hacer si los gastos militares se desviaran hacia la lucha contra la pobreza. A pesar de que data de 1996, es importante simplemente por lo que refleja:

  • 23 aviones de combate F16, valen lo mismo que la cantidad de sal necesaria para evitar que tengan falta de yodo 1600 millones de personas.
  • Un fusil AK47, equivale a la porción de vitamina A que requieren al año 3000 niños.
  • 11 bombarderos furtivos, valen lo mismo que 135 millones de niños acudan a la escuela durante 4 años.


Pobre mundo
       
Sé que me dejo en el tintero multitud de desgracias que afectan a los niños en el mundo: la prostitución  y la pornografía infantil, la pederastia, los niños soldados, la falta de educación, los niños de la calle…

Imposible condensar en un artículo todo el horror que afecta a la infancia, a esos 400 millones de niños esclavos. La cifra da vértigo, es cierto. Y este mundo también. Un mundo enfermo y tan putrefacto, que en ocasiones da miedo mirarlo a los ojos.

Termino  con unas palabras de Ana Frank, que a sus 15 años y ocultándose de la locura nazi, anotaba en su diario: “No veo más que un mundo que se transforma lentamente en desierto, y oigo cada vez más fuerte el trueno que se aproxima y que nos matará a todos”.


Beatriz Moragues - Todos los Derechos Reservados



Gracias a Marcello Scotti-Photography por ceder su fotografía de "Niños esclavos en Camboya" para ilustrar este artículo.


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