lunes, 22 de agosto de 2016

El negocio de la guerra

Las imágenes de niños muertos o heridos y de países destruidos que nos escupen las televisiones de continuo, no parecen hacer mella en nuestra conciencia, tan adormecida que pareciera que ni siquiera la tenemos. Periodista, generalmente freelance, que se juegan la vida y se dejan el alma para captar esa instantánea o escribir ese texto, con la esperanza de que remueva algo en el interior de este civilizado y lejano mundo, sabiendo, sin embargo, que su efecto durará lo que los intereses informativos o políticos decidan en ese momento.

El camino que ha llevado la humanidad desde el principio de los tiempos está rebosante de violencia. A quienes nos gusta la historia, sabemos que mirar atrás es la mejor manera de comprender algunas cosas que ocurren en la actualidad.

Guerra
Existen muertos de primera y muertos de segunda. La muerte de alguien en el mundo rico, se convierte en noticia de inmediato y todos sabemos de su vida, de sus sueños, de la gente que le quería. La muerte de un latinoamericano, africano o asiático, no pasa de ser un número más y en ocasiones ni eso. Y las guerras casi siempre estallan en los países donde las personas no son más que números.

Existe una ley de control de armas que prohíbe vender armas a países que vulneren los derechos humanos, que tengan conflictos internos o que puedan utilizar esas armas contra sus ciudadanos, pero no se cumple. Si echamos la vista atrás, España vendió armas a 22 países a los que según esa ley no debía hacerlo. Esto ocurrió en el año 2008 y así ha seguido.

Los conflictos armados se mantienen, o incluso se provocan, generalmente por razones económicas. Y cuando algo se frena, usualmente también está el dinero detrás, aunque nos vendan que se hace por motivos humanitarios.


La venta de armas

La venta de armas es un negocio fabuloso, la guerra es un negocio ingente, por eso sigue y seguirá, a costa del sufrimiento de millones de personas inocentes. Las armas que utilizan los países pobres para masacrarse, se las vendemos nosotros, los ricos, los privilegiados.

Entre Estados Unidos y Rusia venden el 48% de material bélico al resto del mundo, y los demás países les siguen. Por ejemplo, Francia exportó 4800 millones de euros en armamento en el año 2012, tres años más tarde la cifra ascendió a 12000 millones de euros.

En España las cifras también han ido ascendiendo a cada cambio de gobierno. Con José María Aznar eran 400 millones de euros los que dejaban la venta de armas, con José Luis Rodríguez Zapatero llegamos a los 2400 millones. A día de hoy, la cifra está alrededor de los 4000 millones.

Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), desde el año 2010 al 2014, España fue el séptimo país exportador de armas. Y en 2013 se colocó en cuarto lugar entre los países que forman parte de la Unión Europea. En el año 2014, una de cada cuatro operaciones tenía por destino Oriente Próximo.

En realidad, nada es azar. Hay quien dice que ya hay “cabezas pensantes” que tienen claro cuales deben ser los conflictos armados que deben estallar en los próximos años. Y además de los intereses económicos, o ligados a ellos, también cuenta el hecho de dominar determinados lugares y controlar sus recursos en beneficio propio.

Detrás de las cifras hay personas, seres humanos que tan solo han cometido el delito de nacer en el lugar equivocado. Algunos saldrán adelante y otros muchos se quedarán en el camino, como un número más. El ser humano es capaz de lo peor y de lo mejor, y como la esperanza es lo último que se pierde, casi siempre hay personas que tienden la mano, que ayudan y hacen posible lo que parecía imposible. Y como dice el periodista Gervasio Sánchez: “No hay nada más bonito en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad”.

Beatriz Moragues - Derechos Reservados


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