sábado, 8 de octubre de 2016

Los niños brujos de África

Acusados de brujería y de provocar la ruina de su familia, son abandonados y despreciados por sus propios padres, que lo único que desean  es librarse de ellos de cualquier modo. Estos niños raramente alcanzan la edad adulta.


Niño
Una vez más, la pobreza y la ignorancia se dan la mano para llenar de sufrimiento la vida de miles de niños, que son acusados de todas las desgracias que sufren sus familiares. Olvidados y maltratados, estos menores acaban sus días consumiendo alcohol o drogas, y en el caso de las niñas prostituyéndose desde edades muy tempranas, en ocasiones sin haber cumplido los diez años.

Acusaciones asombrosas

Se afirma que estos menores se transforman en brujos cuando alguien cercano, generalmente una mujer bruja, les da comida hechizada que los transforma para siempre en seres malignos. A partir de ese momento pueden hacerse invisibles para así beber la sangre de sus víctimas, y se dice que las niñas atraen a los hombres para tener relaciones sexuales con ellos y a continuación cortarles los genitales.


Las consecuencias de ser un niño brujo

Estos niños y niñas viven vagabundeando por las calles, olvidados por todos. En muchas ocasiones consumen alcohol o drogas para poder soportar sus condiciones de vida. Son quemados vivos, torturados, y algunos de tanto escuchar que tienen el demonio dentro, se lo acaban creyendo.

Existen sectas que practican sus exorcismos con ellos, tratando de arrancarles el mal que llevan en su interior, aunque su único mal sea el haber nacido en el lugar equivocado.

Vagan por las calles recibiendo el desprecio, y a veces también los golpes, de todo aquel que se cruza con ellos. Roban, realizan trabajos impropios de su edad, se prostituyen, piden limosna, trafican con drogas y alcohol y además sufren los abusos de las fuerzas del orden, que en teoría los debería defender.

A estos niños brujos se les encuentra especialmente en países como Liberia, Sudáfrica, República Democrática del Congo, Benín, Angola, Camerún y Nigeria.


Beatriz Moragues - Derechos Reservados


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